Desfiladero del río Riaza
Ruta circular desde Riaza vuelta por robledal de Riofrío
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Adentrarse en el cañón que esculpe este curso fluvial entre las localidades segovianas de Riaza y Riofrío de Riaza descubre un paraje de gran belleza paisajística. Aunque el cauce discurre a menudo oculto bajo la vegetación, el itinerario regala estampas de gran valor visual cuando el camino se abre hacia los enclaves de Peña la Silla y el Collado de los Lobos, marcando el entorno donde nace el caudal.
Para completar el recorrido en forma de travesía circular y evitar deshacer el camino andado, la ruta asciende hasta Riofrío de Riaza cruzando sus pintorescas calles. El regreso transcurre por el apacible Camino de los Molinos, sumergiéndose en un denso robledal que corona la ribera y discurre de manera paralela frente a la angostura del desfiladero.
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Comenzamos la jornada aparcando sin ninguna complicación en la amplia Avenida del Doctor García Tapia, en Riaza. Buscamos un punto despejado junto a la urbanización Las Villas, prácticamente a los pies del Albergue de Valdelafuente, donde dejamos el coche listo para iniciar nuestra aventura.
Con las mochilas ya ajustadas, echamos a andar en dirección Sur por la propia avenida, guiados desde el primer momento por los carteles que señalan hacia Riofrío de Riaza. Prácticamente desde este mismo instante, el sendero nos sumerge de lleno en la penumbra y la frondosidad de un imponente robledal.
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En el primer cruce mantenemos el rumbo de frente guiados por la señalización oficial. Dejamos a ambos lados las instalaciones antiguas del antiguo sistema de abastecimiento de agua de Riaza, avanzando sobre un mullido y crujiente manto de hojas caídas que amortigua cada uno de nuestros pasos bajo la densa cobertura de los robles.
Al alcanzar el siguiente desvío, volvemos a decantarnos por la dirección indicada hacia Riofrío de Riaza, tomando en esta ocasión el ramal que se abre a nuestra izquierda. Este tramo nos conduce de manera directa hasta las modernas instalaciones de captación de agua; bordeamos su perímetro por la derecha y salimos brevemente al asfalto durante unos pocos metros.
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No tardamos en dar con el desvío correcto: en cuanto se interrumpe el guardarraíl metálico a nuestra mano izquierda, descubrimos semioculto entre la vegetación el cartel que anuncia la entrada oficial al Desfiladero del Río Riaza.
Nos adentramos por una senda hoy difuminada bajo una descomunal alfombra de hojas otoñales, aunque la dirección del cañón resulta intuitiva y evidente. A escasos metros se abre ante nosotros el angosto paso del desfiladero, que discurre longitudinalmente en dirección Noroeste-Sureste a lo largo de algo más de un kilómetro de puro espectáculo natural.
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El estallido cromático del entorno es sencillamente abrumador y nos atrapa por completo. Avanzamos con prudencia, ya que se trata de una senda estrecha y aérea que serpentea por la garganta; a lo lejos, conforme el cañón se abre en sus giros más pronunciados, se divisan las cumbres de la Sierra de Ayllón, abarcando desde Peña la Silla hasta las inmediaciones del Cerro Gordo.
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La vegetación de ribera y la frondosidad del desfiladero ocultan casi por completo el cauce del río Riaza en las zonas más hondas. Solo en tramos muy concretos y hacia el final del cañón, donde los desniveles y la erosión dejan la roca al descubierto, logramos escuchar y avistar fugazmente el curso del agua.
Afortunadamente, el tramo cuenta con excelentes pasarelas de madera instaladas en los puntos más escarpados y delicados, lo que permite superar la garganta con total seguridad y disfrutar del paisaje sin sobresaltos.
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En la recta final del desfiladero, cruzamos el río sobre un coqueto y rústico puente de vigas y ladrillo, completamente tapizado de musgo y hojas húmedas. Tras abandonar la garganta, la traza remonta en acusado zig-zag hasta conectar con una pista ancha que desemboca directamente en el extremo norte de Riofrío de Riaza.
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Este tranquilo caserío apenas supera los treinta habitantes censados. Atravesamos su apacible plaza mayor, donde se alza la casa consistorial junto a la emblemática fuente de la Vida, y salimos del núcleo urbano bordeando los muros de la iglesia de San Miguel, un templo de raíz románica recientemente restaurado.
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Sin tiempo que perder, descendemos en busca del arroyo del Fontarrón para enlazar con la pista forestal ascendente. Superamos una cancela de ganado a nuestra izquierda que nos reorienta de nuevo hacia Riaza, introduciéndonos en otro frondoso robledal que discurre en paralelo por la margen orográfica derecha del río.
Este tramo corresponde al tradicional Camino de los Molinos —también conocido como Camino de Riofrío de Riaza—. Los robles nos acompañan de manera constante, regalándonos perspectivas únicas en las que podemos contemplar al otro lado de la orilla el propio desfiladero por el que hemos transitado horas antes.
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Más adelante, tras rebasar un par de cancelas adicionales y descender hacia el cauce por debajo de la zona de la Perdiguera, cruzamos de nuevo el río sobre una pasarela de madera. A pocos metros, al conectar con el valle de Riaza, tomamos el primer desvío a la izquierda.
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Ponemos el broche final a la ruta atravesando sucesivamente las urbanizaciones de la Perdiguera y Las Villas, hasta desembocar de nuevo en la Avenida del Doctor García Tapia, punto de partida de esta magnífica circular que nos ha descubierto los secretos del Desfiladero del Río Riaza.