Monte Perdido (3.355 m)
Desde el Refugio de Góriz por la Escupidera
El ascenso a la cima por su ruta normal parte desde el Refugio de Góriz, progresando a la sombra de la cara oeste de la Punta de las Escaleretas con orientación norte.
Durante el trazado se divisa el Cilindro de Marboré, a cuya base se asienta el Ibón Helado. Desde este punto se afronta el tramo final y de mayor dificultad técnica: el corredor noroeste y el paso de La Escupidera.
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Amanece en Góriz. Tras un buen desayuno, mientras nos terminamos de alistar en el exterior, se nos une un montañero en solitario que también busca alcanzar la cima. Finalmente formamos un grupo de cinco: Javier (Chasquera), Blas (Balasitxo), Javier (nuestro nuevo compañero), J. Fran y Antonio (Losk2delaskumbres). Echamos mucho de menos a Paco (Chomolungma), alma máter de la planificación que se quedó en tierra a última hora por un infortunado esguince.
A las 07:30 h nos ponemos en marcha. Tras unos momentos de duda sobre qué trazado tomar, decidimos flanquear por la derecha un pequeño nevero al este para coger una senda suave que nos conecta en 20 minutos con la ruta principal. Superamos una primera grieta sin dificultad y ganamos altura progresivamente, dejando a nuestra derecha el espolón que da acceso a la vía de Punta de las Escaleras.
Bordeando la ladera oeste alcanzamos el Barranco de Góriz. Las praderas y llanuras van quedando atrás para dar paso a senderos pedregosos y serpenteantes. Pronto alcanzamos un primer paso aéreo pero con excelentes presas y agarres.
Hacen acto de presencia los primeros neveros mientras nos aproximamos a la Ciudad de Piedra. El rumor del agua nos desvía unos metros hacia la izquierda para descubrir una bonita cascada escalonada que rompe la monotonía del roquedo.
Cruzamos el caos de bloques atravesado por el arroyo; el itinerario no tiene pérdida gracias a los numerosos hitos que señalan la ruta y a las pequeñas zonas de vivac dispuestas bajo las grandes rocas. El avance por el barranco nos encajona de forma inevitable hacia el circo superior.
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Dejamos atrás la Ciudad de Piedra sorteando grandes riscos. Nos recibe un amplio nevero de unos 300 metros de longitud con una marcada pendiente; no obstante, la nieve blanda y la huella profunda nos permiten progresar con seguridad sin necesidad de calzar crampones.
Afrontamos a continuación una segunda pala nival en diagonal, de inclinación más amable, que nos encara hacia el contrafuerte previo al Ibón Helado.
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Para ganar la portilla superior nos empleamos a fondo en una trepada entretenida por paredón rocoso. Una vez arriba quedamos frente a frente con el cuello del Cilindro de Marboré, con la cubeta del Ibón Helado reposando unos metros por debajo.
A nuestra izquierda distinguimos a tres montañeros progresando por el estrecho canal mixto de la cara sur del Cilindro; diminutos como puntos en medio de la inmensidad caliza.
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Ubicados en el cuello del Ibón Helado (casi a 3.000 m de altitud), se divisa íntegramente la pala final. En este punto, K1 decide dar por concluida su ascensión.
El mermado descanso en el refugio le pasa factura física y prefiere establecer aquí su campamento de espera: una atalaya inmejorable para controlar tanto la bajada hacia el barranco como la progresión del resto del grupo hacia la cima.
Los cuatro componentes restantes avanzamos por el espolón rocoso de la derecha hasta tres cuartas partes de su longitud. Allí nos equipamos con los crampones para acometer la pala nival.
Este primer corredor técnico arranca en el propio ibón y culmina en la entrada del segundo embudo, superando unos 140 metros de desnivel en 600 metros de recorrido. Nos incorporamos en su parte alta para afrontar un repecho exigente de unos 250 metros de longitud y 90 metros de desnivel.
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Realizamos una breve pausa a las puertas del tramo clave para recuperar el aliento y contemplar el panorama. Toca afrontar La Escupidera: 200 metros de desnivel a lo largo de 400 metros de longitud. Este punto está considerado uno de los pasos más comprometidos del Pirineo por el elevado historial de accidentes registrado.
En este peligroso embudo inclinado, cualquier caída o resbalón sin autodetención inmediata precipita al montañero hacia cortados verticales de entre 60 y 90 metros de caída sobre bloques de roca. La concentración debe ser absoluta a cada paso.
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Cabe recordar que la mayoría de los accidentes se concentran durante el descenso. Una vez alcanzada la cima, la relajación mental y el cansancio acumulado incrementan la vulnerabilidad del montañero.
Es vital mantener la tensión, la prudencia y la atención en todo momento hasta estar de vuelta abajo. Con la vista puesta en la cumbre, reanudamos la marcha.
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Una vez dejada atrás la linea de comienzo de la Escupidera, vista al frente, atención donde pisamos y asegurando cada paso, hoy nieve primavera con ligera transformación, por lo que se hunde y agarra lo suficiente la pisada para darnos seguridad, aun siendo un hilo la huella a seguir.
A pasos agigantados adquiriendo altura, ascendemos por la izquierda pegados a tres ramilletes de grandes bloques, ya por la base Suroeste del hombro del Monte Perdido, el final de la escupidera enfilado lo tenemos, base cara Norte del Perdido. Alcanzamos la base han sido 1:15 h desde el Ibón helado y 15 minutos más para hollar fácilmente la cumbre, del Monte Perdido con 3.348 m.
En el ascenso se veía limpio de nubes y visibilidad, en cuanto alcanzamos la cumbre las nubes de evolución son constantes y no permiten una limpia visualización de todo lo que nos rodea, si nos abre por el Norte, se nos cierra por el Sur, eso si, al menos a trozos si nos permite ver partes, los picos que forman las del Macizo de las Tres Sorores, si que los tenemos a la vista, además de abajo hacia el Noroeste el espectacular Cilindro y en dirección contraria Sureste el Añisclo.
Después de analizar las fotos, vemos que tuvimos un grave error en la cumbre, no hicimos una foto de los cuatro juntos que ascendimos, espero Javier que perdones la euforia y despiste no intencionado de tan grave error, no será por fotos.
Me sabe mal, no tener el recuerdo en foto en el geodésico de los cuatro juntos, pero me temo que ya no hay remedio, mientras nosotros nos hacíamos las fotos, Javier como si nada rondaba la cumbre por aquí y por allí, supongo que no es crítico pero si era importante para dejar constancia del ascenso juntos.
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Aquí van, varias fotos de Javier, rondando por la cumbre a su aire, montañero callado y lobo solitario, que hacía horas nos podía haber descolgado dejandonos atrás y aguantó nuestro cansino ritmo para culminar juntos, y a la postre no solo descenderemos hasta el refugio con él, sino al día siguiente también haremos juntos la travesía hasta la pradera de Ordesa.
Retomamos las vistas y como comentaba antes de percatarme del error fotográfico, a veces se deja entrever el Valle de Ordesa y mas a la derecha fondo Sur, el Cañón de Añisclo, a estas alturas las nubes se mueven a su antojo, giramos por un momento al Norte y nos dejó ver la brecha de Tucarroya con el lago de Marboré helado en su base, bueno pues con esto nos conformamos, vagueamos un rato por cumbre y después a afrontar el descenso.
Con razón dicen que la parte más complicada es el descenso por la Escupidera. A pesar de que hoy presenta buena concavidad por no acumular excesivas capas de nieve, la pendiente impresiona y exige la máxima atención en cada paso.
Aprovechamos para dar una vuelta hasta el extremo norte del hombro del Monte Perdido antes de encarar la bajada. Este tipo de canales con fuerte inclinación recuerdan que los descensos suelen ser técnicamente más exigentes que las subidas, por lo que resulta clave mantener la concentración y pisar con total seguridad.
Conviene prestar atención a las paredes laterales: la presencia de grandes bloques de roca caídos hacia la ladera evidencia el peligro constante de pequeños desprendimientos o aludes. Avanzar a buen ritmo pero fijando bien los crampones es la mejor garantía para perder altura sin contratiempos hasta alcanzar la base.
Reunidos de nuevo con K1 en el Ibón Helado, aprovechamos para hacer un merecido descanso y almorzar antes de emprender el tramo final hacia el refugio.
Deshacemos nuestros pasos afrontando los primeros destrepes con cuidado. Más adelante bordeamos una vistosa cascada que brota directamente de las fisuras de la pared rocosa.
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Al girar la vista a la izquierda, el gran paredón abovedado que conecta con el espolón alto del Monte Perdido permite entender con claridad hacia dónde "escupe" realmente el canal de la Escupidera en caso de caída.
Con la pendiente más pronunciada ya superada, la perspectiva hacia abajo se vuelve mucho más relajada y permite disfrutar del terreno recorrido.
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Los sucesivos destrepes nos mantienen atentos, pero la monotonía del descenso la rompe una marmota que nos observa inmóvil a escasos metros. Algo más lejos, encaramado en un saliente de las Escaleretas, se recorta la silueta de un sobrio ejemplar de sarrio.
Las praderas alpinas vuelven a ganar terreno. Avanzamos espaciados en fila india como una auténtica expedición, a ritmo constante y con la imponente Punta Tobacor dominando la cabecera del valle.
Alcanzamos el Refugio de Góriz a las 18:00 h, magnifica hora para intentos de ducharse (agua fría-helada) o adecentarnos para la cena que comienza a las 19:00 h, momento para comentar y deleitarnos con el mas que digno y espectacular ascenso a la cumbre del Monte Perdido.
El Monte Perdido (3.355 m) se ubica en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido (Sobrarbe, Huesca) y corona el Macizo de las Tres Sorores junto al Cilindro de Marboré (3.328 m) y el Pico de Añisclo (3.263 m), conformando el macizo calizo más elevado de Europa. Este enclave de alta montaña alberga 22 cimas de más de 3.000 metros de altitud y está flanqueado por los valles de Ordesa, Pineta, Añisclo y Escuaín.
A pesar de ser una de las cumbres más transitadas del Pirineo, la ascensión exige máxima prudencia. La fuerte inclinación de la tartera final y el paso por La Escupidera representan un riesgo real durante todo el año, requiriendo atención constante y equipamiento adecuado según las condiciones de la montaña.
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