Ascensión al Techo de Salamanca
Desde El Travieso (Invernal)
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El Canchal de la Ceja visto desde la propia ceja
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La Sierra de Béjar alberga el Canchal de la Ceja (2.428 m), el techo de Salamanca y verdadero rey de este sector occidental del Sistema Central. Desde su espectacular cresterío glaciar se dominan los abismos de las Lagunas del Trampal, convirtiendo a esta cumbre en una meta imprescindible para los amantes de la alta montaña.
A sus pies nace en Hoya Mora el río Cuerpo de Hombre, responsable de abastecer de agua a la vecina Béjar durante todo el año. Un enclave de vistas vertiginosas sobre cumbres vecinas como El Torreón que consagra al Canchal de la Ceja como la gran joya senderista que hay que coronar al menos una vez en la vida.
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Pulsar el botón Ruta GPS al aparcamiento Plataforma El Travieso:
Ponemos rumbo a las alturas de la Sierra de Béjar madrugando bastante, con la ilusión intacta de afrontar una jornada clásica de alta montaña invernal. A eso de las 5:30 salimos de Madrid para completar en unas dos horas y media el trayecto en coche hasta el pintoresco pueblo de Candelario, en la provincia de Salamanca.
Desde allí, nos bastaron apenas 20 minutos para remontar los últimos 10 kilómetros por la estrecha carretera de montaña que asciende hasta alcanzar la conocida plataforma de El Travieso. Eran las 8:15 cuando aparcamos; apenas cuatro coches compartían el aparcamiento a esa hora de la mañana, presagiando una jornada tranquila sobre el manto blanco.
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Entre equiparnos concienzudamente con la ropa de abrigo, calzarnos las botas, ajustar los crampones y revisar el material en las mochilas nos entretenemos más de la cuenta. Finalmente echamos a andar pasadas las 9:15, partiendo de una altitud base de 1.850 metros donde el aire frío ya se hacía notar en el rostro.
Nuestro primer gran objetivo del día era el Calvitero salmantino (2.390 m), una cumbre de referencia indispensable en este sector de la vertiente salmantina. La salida desde la plataforma no da tregua alguna a las piernas: en los primeros 2,5 kilómetros ya acumulamos un desnivel positivo de casi 500 metros en ascenso constante hasta encaramarnos a la cresta del cordal.
Justo a la altura de coger la cuerda hicimos una obligada parada técnica para tomar aliento, hidratarnos y reponer fuerzas tras este intenso calentamiento inicial.
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Nos encontrábamos exactamente en el célebre Hito del Pepeillo. A escasos 100 metros antes de alcanzar este punto cardinal de la ruta se halla la Fuente de la Goterita, un punto de agua muy conocido por los montañeros de la zona, aunque en esta ocasión nos la encontramos completamente sepultada e invisible bajo la densidad del manto de nieve.
Reanudamos la marcha completando aproximadamente un kilómetro más de ascensión por el cordal batido por el viento hasta hollar el Calvitero de Salamanca. Alcanzamos su cumbre sobre las 11:30 de la mañana, acumulando ya en las piernas 3,4 kilómetros de recorrido y 535 metros de desnivel positivo.
El Calvitero salmantino 2.397 m
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Allí arriba, entre la inmensidad del horizonte despejado que invitaba a la contemplación, buscamos la hornacina de la pequeña Virgen que acompaña al hito geodésico, apodado cariñosamente "la mini chimenea". Sin embargo, no pudimos ver la figura de cerca debido a la enorme cantidad de nieve acumulada que la cubría y protegía por completo.
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Desde el Calvitero fijamos el rumbo hacia la vertiente que conduce al Canchal de la Ceja, si bien en el trayecto de ida decidimos rodear esta cumbre para intentar el plato fuerte y gran reto de la jornada: El Torreón (2.405 m), el auténtico techo provincial de Cáceres.
Sin embargo, los tiempos y la prudencia en montaña son inflexibles. Al situarnos junto al canal central de Las Agujas marcaban ya las 13:00 en el reloj y aún caminábamos sin comer. Decidimos hacer un alto allí mismo para almorzar y reponer energías.
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Al terminar de comer rondábamos ya las 14:00 horas. Fue el momento de mirar detenidamente el reloj y evaluar la situación con la cabeza fría: completar el trayecto de ida y vuelta desde ese punto hasta El Torreón nos llevaría a nuestro ritmo entre hora y media y dos horas más.
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Intentarlo suponía asumir un riesgo innecesario de que se nos echara la noche encima durante el descenso, algo que queríamos evitar a toda costa en un terreno nevado.
Con las imponentes siluetas de Los Hermanitos y su desafiante canal observándonos a lo lejos, preferimos pecar de prudentes. Esa magnífica canal quedará guardada en nuestra libreta de pendientes para una próxima incursión invernal.
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Sin arriesgar la seguridad del grupo, reconducimos los planes del día para disfrutar con total tranquilidad de la ascensión al Canchal de la Ceja y recorrer su célebre "Ceja", una espina que se nos había quedado clavada en una visita anterior.
Tras inmortalizar El Torreón al fondo con una gran fotografía de recuerdo y el firme compromiso de volver pronto a por él como único objetivo, nos dirigimos a la cima.
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Avanzar por el cresterío de La Ceja del Canchal es un espectáculo visual absolutamente imponente. La cresta se asoma directamente hacia los vertiginosos abismos de la vertiente norte, regalandonos panorámicas sobrecogedoras sobre la cubeta glaciar de la Laguna del Trampal.
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Desde nuestra posición privilegiada podíamos observar la estructura del circo formado por tres grandes lagunas entrelazadas que se abastecen progresivamente unas a otras. Estaban completamente heladas, y a lo lejos divisábamos a otros montañeros cruzando por encima de su superficie helada, ofreciendo un colorido y una escala de proporciones magníficas sobre la nieve.
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Tras deleitarnos con los cortes verticales y los paisajes de La Ceja, nos encaminamos hacia el curioso vértice geodésico del Canchal de la Ceja (2.428 m), la máxima altitud de la provincia de Salamanca. Allí nos tomamos las tradicionales fotos de cumbre junto al característico "cohete" de hierro grabado que corona la cima.
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El Canchal de la Ceja (techo de Salamanca) 2.428 m
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Siempre habíamos considerado que esta cumbre medía 2.427 metros según diversos mapas, pero la cifra grabada a fuego en el propio cohete indica 2.425 metros. Sin embargo, si nos regimos por el Instituto Geográfico Nacional, la altura oficial es de 2.428 m. Me quedo con esta última cifra porque así no se me olvidará nunca: es exactamente la misma altitud que Peñalara, el techo de Madrid y Segovia.
A las 15:00 en punto iniciamos el camino de regreso desde el Canchal de la Ceja con destino hacia El Travieso. Para agilizar la bajada y ahorrar fuerzas, en esta ocasión bordeamos la falda del Calvitero sin necesidad de volver a coronarlo, un atajo muy evidente que se puede apreciar perfectamente en el trazado de nuestro track de GPS.
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Atravesando una inmensa y blanca "playa" de nieve, dejábamos atrás la cumbre para disponernos a deshacer con precaución los más de 500 metros de desnivel negativo que nos separaban del inicio.
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A las 17:30 alcanzábamos por fin el coche en el parking de El Travieso. Tras una reconfortante merienda rápida, aprovechamos para hacer una parada en el bar del Refugio de la plataforma; nos encontramos un ambiente bastante cargado por los visitantes pero muy calentito y reconfortante tras la intensa jornada invernal.
Con esta bonita experiencia y cerca de tres horas de conducción de vuelta finalizó una nueva aventura por la Sierra de Béjar.
Este macizo actúa como prólogo y continuación natural de la icónica Sierra de Gredos. Es en este imponente entorno donde se alzan los techos provinciales de Cáceres (El Torreón, 2.405 m) y Salamanca.
La zona guarda además un valioso patrimonio glaciar con ibones emblemáticos como la Laguna del Duque o la Laguna Negra. Sin embargo, durante nuestra jornada, el grueso espesor de nieve que cubría el terreno convirtió a la travesía en un paisaje puramente invernal.
Como apunte geográfico, desde el sector de Las Agujas se divisa el paraje de la Hoya Mora, punto de origen del curso fluvial que desciende hacia las tierras bejaranas.
Sin duda, cualquiera que disfrute de la naturaleza y del montañismo de altura debe visitar al menos una vez en la vida estas impresionantes cumbres salmantinas.