Arrancamos esta ruta circular una de las grandes de la Pedriza, desde el aparcamiento de El Tranco para abordar la cumbre de El Yelmo a través de la Vía Valentina.
Tras alcanzar la cima, completaremos el itinerario descendiendo por la Brecha Norte, Corral Ciego, el Jardín del Predicador y el técnico Hueco de las Hoces.
Llegamos temprano al aparcamiento de El Tranco en La Pedriza. Es un espacio reducido con capacidad para poco más de 20 vehículos, por lo que madrugar resulta imprescindible.
Nos hemos propuesto subir a El Yelmo por la Vía Valentina, considerada la más accesible de las 22 líneas bautizadas que surcan esta emblemática mole de granito.
Con las mochilas listas, salimos a la plaza de entrada y giramos a la izquierda dejando a nuestra espalda el Restaurante Julián. Acometemos el ascenso por la Senda de las Carboneras con dirección al desvío de la Lagunilla de El Yelmo.
Avanzamos entre jaras y piornos impregnándonos del intenso olor a monte. Superamos sin dificultad técnica algunas placas graníticas guiándonos por las marcas de pintura blanca y amarilla plasmadas sobre la roca.
Durante este tramo inicial la traza dibuja una gran "C" de aproximadamente un kilómetro, dando la impresión momentánea de alejarnos del objetivo. Al completar el giro recuperamos la orientación correcta y alcanzamos una pequeña pradera a la izquierda, dominada por una gran roca que cobija un diminuto vivac donde realizamos una breve parada de cinco minutos.
Reanudamos la marcha cruzando un riachuelo. Al fondo identificamos con claridad el Risco de las Tres Puntas y, a su izquierda, el Cancho Butrón, dos referentes bien conocidos por los escaladores en esta vertiente norte. Continuamos ganando metros sobre un terreno mixto de grava y bloques de granito.
Alcanzamos la altura del Vivac del Cachalote, situado a la espalda de una llamativa mole con forma de pan de pueblo. A diferencia del pequeño abrigo anterior, este espacio sí ofrece amplitud para pernoctar cómodamente.
Superado un repecho encontramos a la derecha el Mirador del Tranco, una parada perfecta para contemplar el Canchal del Manzanares, el casco urbano de Manzanares el Real y el Embalse de Santillana. Acto seguido desembocamos en La Gran Cañada, donde una roca exenta marca el cambio de rumbo.
Tomamos un angosto sendero a la izquierda que asciende en semicírculo teniendo como referencia visual el Risco del Fraile. Durante este tramo entre vegetación baja localizamos la Fuente de la Gran Cañada, idónea para rellenar cantimploras con agua fresca.
Proseguimos el ascenso aproximándonos a la cara sur de El Yelmo. A la derecha descubrimos la singular figura de El Elefantito y de frente emerge El Avión, confirmando la increíble riqueza geomórfica y la densidad de riscos bautizados que hacen única a La Pedriza.
Por momentos el sendero se convierte en una escalera imperial, que al terminar nos deja a los pies del bonito Risco de las Bellotas, de nuevo ante uno de los riscos con una magnífica vía de escalada por la izquierda, la Alba-Marina de alta dificultad. Este risco nos está anunciando la cercanía del Collado de la Encina.
Llegamos a él. Mirando hacia el sur disfrutamos de un mirador fantástico, y al noreste aparece nuestro objetivo: El Yelmo o Peña del Diezmo, una de las más carismáticas, si no la que más, de La Pedriza.
Aunque no se aproxima a las cumbres más altas de la sierra, si acotamos el territorio a la Pedriza Anterior solo resulta superada por un par de riscos en la zona de Los Fantasmas.
Estamos en el punto donde realizaremos un desvío. Tomamos el sendero a nuestra izquierda para dirigirnos a la Lagunilla de El Yelmo; son escasos 300 metros de suave ascenso los que nos dejarán justo en el enclave.
Se trata de un capricho veraniego, ya que tras haber recorrido la Senda de las Carboneras en múltiples ocasiones, nunca nos habíamos desviado a echar un vistazo a la lagunilla: hoy tocó.
Un remanso de paz se respira por estos lares; aun no habiendo agua, el encanto especial se mantiene intacto.
Recorremos todos sus rincones y nos sigue pareciendo un paisaje extraterrestre, como si nos hubieran soltado en un planeta desconocido por investigar.
Por un instante evoco la película "El planeta de los simios" (la de 1968 con Charlton Heston); es cierto que esto resulta algo más verde, pero la imaginación es libre.
Mientras algunos pateábamos el lugar, otros se estaban poniendo las botas (no literalmente).
La parada duró lo justo. Miramos de frente y descubrimos el lateral sur de la base de El Yelmo hacia donde nos vamos a dirigir, siguiendo un sendero más o menos marcado de forma directa desde aquí.
Vamos sorteando los obstáculos del camino hasta alcanzar a la derecha un gran vivac, un lugar fantástico para vivaquear con unas vistas inmejorables de El Yelmo.
Alguno se lo ha tomado bien en serio. A medida que nos acercamos y tirando de zoom, observamos a nuestra derecha a un escalador completando la primera cuña (la más complicada) de la Vía Valkiria; nosotros arrancaremos a la izquierda de esta otra línea.
Comienzo de lo que veníamos a realizar: el ascenso a El Yelmo por la Vía Valentina. Arrancamos con una trepada de dificultad III+. En todo momento el primero de nosotros llevará pies de gato y cuerda para asegurar al resto.
Este primer resalte se supera sin demasiada dificultad introduciendo parte de la puntera en la fisura izquierda (en posición bavaresa) y apoyando el otro pie cerca de la misma.
Como la parte exterior de la roca se encuentra bastante sobada, es aconsejable no abrir en exceso las piernas para no perder adherencia. Una vez arriba, superamos un resalte a izquierdas con apoyo de manos.
Ya podríamos soltar cuerda, pero resulta aconsejable proseguir la leve trepada que resta hasta los árboles para montar la reunión entre las rocas circundantes y permitir que el resto suba cómodamente a placer.
Ahora toca una diagonal que se hace de pie sin ningún problema, hasta que nos chocamos contra el siguiente gran resalte, donde la dirección está clara: ¡¡¡hacia arriba!!!, pegaditos a la pared del resalte.
A la vista el siguiente paso expuesto, dificultad II+, una roca sobresaliente que tenemos que superar sin agarre, con decisión.
El que lleva los pies de gato la supera sin problemas y monta cuerda sobre la punta de la misma roca (lazada fácil) para asegurar al resto.
Solo unos metros más arriba tenemos el siguiente paso dificultad II, algo menos expuesto que el anterior. Pero, ¿para qué asumir riesgos pudiendo hacer de nuevo otra lazada a la siguiente roca? Aseguramos al resto del grupo y lo pasamos con riesgo "0"... Si se lleva el material suele ser para usarlo; si no, mejor no llevarlo.
Ahora lo que tenemos por delante son los últimos 100 m. Dependiendo de si nos vamos un poco a derechas se asciende por pura adherencia, pero si seguimos directos tenemos grietas que, al finalizarlas, se superan con una pequeña trepada con apoyo de brazos.
En nuestro caso, el primero sube con los pies de gato y en una roca vuelve a asegurar al resto. En este punto nos cruzamos con otros dos montañeros que hacían la vía en descenso, ambos con pies de gato y con evidente experiencia en estos terrenos.
Alcanzamos el último rellano, recogemos los artilugios y ya solo nos quedan los últimos metros. Se ataca por la izquierda; no hay agarres, pero la inclinación nos permite hacerlo con bastante seguridad. No digo de pie totalmente, pero casi: buena adherencia en este final de roca.
Una vez alcanzado el final de esta línea, continuamos por el lateral totalmente de pie, girando a derechas para encontrarnos al fondo con el geodésico de El Yelmo.
Hoz Cimera a nuestros pies.
Pues aunque el principal objetivo ya está conseguido, lo que nos queda no es menos espectacular que lo vivido hasta aquí.
Aunque el título diga "Vía Valentina", pues realmente esto era lo que queríamos hacer, tan solo supone unas 2 horas del recorrido total (eso sí, el punto con más adrenalina del trayecto).
Ahora el descenso lo haremos por la clásica Norte, la Chimenea, e iremos hacia allí dirigidos.
Hoy vamos a aprovechar el material que traemos para descenderla de forma distinta a lo habitual y seguir con las prácticas de cuerda. Desde luego se nota la comodidad, aunque se pierda algo de tiempo en montarlas.
Dejamos la chimenea y nos dirigimos hacia el Collado de la Vistilla, donde buscaremos sitio para hacernos...
...un tentempié. Al pasarlo a izquierdas hay un rellano, con vivac y todo, perfecto para estos menesteres.
Pero no sin antes girar la cabeza a nuestra izquierda y ver por última vez hoy el geodésico sobre la verdadera pared Norte del Yelmo, donde algunas vías de escalada son espectaculares.
Almuerzo realizado. En este punto la ruta puede coger dos caminos muy bien definidos: o por la derecha de La Maza (con lo que se bajaría por la Umbría de Calderón), o por la izquierda metiéndonos al Corral Ciego.
Esta última ha sido nuestra opción. Al fondo, fácil de identificar, podemos ver la Bola de San Antonio y el Hombre Sentado, riscos que forman la portilla que da paso hacia el Jardín del Predicador.
Las leyendas hablan de que los pastores al anochecer traían aquí a su ganado, donde pernoctaban seguros como si de un corral se tratara, aunque Corral Ciego no fue el nombre que los lugareños le daban.
Llegamos a la parte baja y, de frente, la portilla. Comenzamos el ascenso por la escalera (no sabemos si natural o artificial) que nos encontramos: impresionante paso de un rincón mágico a otro igual.
Una mirada atrás y el espectáculo está servido: una bonita garganta, corta pero llena de vida y de mensajes para el espectador. De una forma u otra se lo agradecemos a la vía Valentina, pues ha sido la que al fin y al cabo nos ha empujado a este recorrido mágico y de ensueño.
Descendemos por la portilla al Jardín del Predicador y continuamos de frente buscando una salida hacia el Hueco de las Hoces.
¡OJO! Si alguien quiere salir ya de este enjambre de rocas y bajar de forma más directa a Canto Cochino, la salida natural es la Portilla del Predicador: es la ventana a la Umbría de Calderón.
Siguiendo los mojones podrá ir pegado a las rocas hasta alcanzar el Risco del Camello, desde donde se baja directamente hacia el rocódromo y la autopista que conduce a Canto Cochino. Nosotros, como hemos dicho, continuamos dejándola a nuestra derecha.
Con estas directrices se puede salir de aquí sin ninguna complicación. Nosotros hoy nos vamos a complicar un poco más, puesto que queremos salir al Hueco de las Hoces para descender por él. Llegamos a un punto al frente donde hay un destrepe de varios metros que no nos apetece hacer.
Retrocedemos unos metros para pegarnos a las rocas de la izquierda, donde habíamos visto un pasadizo. Nos adentramos en él y vemos que se trata de un doble nivel; aún así, parece que se pasa bien.
Descendemos los dos niveles con destrapes de grado II. A la salida, la tupida maleza nos indica que no son muchos los que transitan por estos parajes.
A los pocos metros volvemos a comprobar que no hay escapatoria sencilla: o destrepamos o nos volvemos. Pero ¿para qué llevamos el material si no es para usarlo? Destrepamos asegurando. Nos ha tocado dejar una cinta en la roca donde montamos el seguro; igual volvemos dentro de unos años y sigue allí.
Todo por no ponernos los pies de gato, pues a nuestra izquierda había una roca con buena roza para destreparla sin problemas en adherencia. Bueno, tampoco estuvo mal esta opción.
Haciendo un poco el cabra, llegamos al Hueco de las Hoces con unas pocas magulladuras cortesía de las zarzas del lugar.
Las vistas se abren de nuevo y, mirando hacia atrás, esto es lo que contemplamos: acabamos de salir entre el Jardín del Predicador y el Risco Hueco, con el Pan de Kilo a la izquierda y El Elefante del Yelmo a la derecha.
Tiramos directos hacia abajo por el sendero del Hueco de las Hoces, dejando a nuestra derecha el risco que da nombre al lugar. Pronto empiezan a aparecer marcas moradas en las rocas que guían el descenso.
Es un constante zigzagueo de izquierda a derecha entre bloques de granito y jaras.
Al fondo el día se presenta aterciopelado, con nubes y cariz frío. La lluvia acecha y queda muy poco para que haga su presencia.
Llegamos a la altura de la gran cueva justo cuando empiezan a caer las primeras gotas. Es un buen lugar para hacer tiempo mientras se apacigua la ira del cielo; desde aquí se puede divisar el Risco de los Principiantes.
Para por momentos, un instante que aprovechamos para continuar el descenso. Pasamos a la altura de un estupendo vivac bien acomodado bajo una inmensa «cola de dinosaurio».
No perdemos más tiempo por lo que se pueda avecinar: tomamos el sendero que desciende de la Gran Cañada y continuamos la marcha.
Mirando a nuestra derecha destaca el cotizado Cancho de los Brezos, muy querido por los escaladores por sus infinitas vías de todas las dificultades imaginables.
No damos abasto con los giros de vista; a nuestra espalda quedan otros riscos bien conocidos por los pedrizeros.
Continuamos descendiendo por el Barranco de los Huertos con paso algo acelerado, pues la lluvia no da tregua y nos acompaña con una cortina constante.
Al llegar a la altura de los barracones la lluvia arrecia, obligándonos a protegernos en la arbolada del Arroyo de la Ventana mientras nos pertrechamos con chubasqueros y fundas para las mochilas.
Reanudamos la caminata con dirección al aparcamiento del Tranco, donde dejamos el vehículo. Al fondo ya divisamos el risco de La Foca, que anuncia el comienzo de la Garganta de la Camorza, por la que transitaremos aproximadamente durante un kilómetro a orillas de sus numerosas pozas en este tramo del río Manzanares.
Un broche de oro a orillas del Manzanares para despedir una jornada exigente e inolvidable conquistando los gigantes de granito de La Pedriza.