El YELMO desde el Tranco (ida y vuelta)
Por la Senda de las Carboneras
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Esta propuesta plantea una ruta lineal ida y vuelta desde El Tranco al majestuoso risco de El Yelmo (1.717 m) por la emblemática Senda de las Carboneras.
Enclavada en La Pedriza —el mayor conjunto granítico de Europa—, esta mole de granito es su gran icono. Su cara sur alza 150 metros de pared y su nombre procede del parecido con el casco medieval, mencionado ya por Alfonso XI en el siglo XIV.
Subida y bajada por la Senda de las Carboneras, antiguo camino de carboneros. Vía directa y exigente que gana altura rápidamente entre jaras, ofreciendo grandes vistas sobre Manzanares el Real y el embalse de Santillana.
Pulsar el botón Ruta GPS al parking de El Tranco:
➤ Ver VIDEO de Subida al Yelmo desde el Tranco ➤ Ver o descargar el track El Yelmo desde el Tranco ida y vuelta (Wikiloc)
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Llegamos al aparcamiento del Tranco, en La Pedriza, a las 8:00 y estamos más solos que la una. Si el día hubiera estado despejado, esta hora ya sería tarde: es un parking pequeño con capacidad para apenas 20 coches que se llena rapidísimo en cuanto hace buen tiempo.
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A las 8:20 iniciamos la marcha. Salimos hacia la rotonda a nuestra derecha, nos situamos frente al Restaurante Julián y empezamos a subir por la cuesta que discurre a su lateral, entre unas grandes rocas. Una vez arriba, un gran bloque de granito nos indica claramente que debemos continuar hacia la izquierda.
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Tomamos esa dirección, que es la que nos introduce de lleno en el sendero de subida hacia El Yelmo. Durante gran parte del trayecto —al menos hasta llegar a su base— iremos encontrando marcas de pintura blanca y amarilla cada 30 o 40 metros pintadas en las piedras, lo que nos confirma que mantenemos el trazado correcto. A veces...
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...será fácil identificarlas, mientras que en otros tramos requerirá estar un poco más atentos. Es un trazado impresionante y una de las rutas más bonitas de La Pedriza: caminamos entre espesas jaras y piornos que superan los dos metros de altura, cruzando pequeños arroyos que bajan con fuerza desde la parte alta.
Pronto alcanzamos una pequeña pradera a la izquierda del sendero. Como empezaba a llover, nos acercamos a un enorme bloque de granito en busca de cobijo y descubrimos un pequeño vivac protegido por la roca.
Justo encima descansaba un grupo de cabras montesas que, al detectar nuestra presencia, se retiraron tranquilamente (puedes hacer clic en la imagen superior para ampliarlas en lo alto del bloque).
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Tras resguardarnos un rato a cobijo hasta que cesó la lluvia, nos disponemos a reanudar la marcha por el sendero, que en este tramo vuelve a cruzar otro arroyo.
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Continuamos el ascenso y pronto comenzamos a ganar altura de nuevo; la pequeña pradera va quedando abajo hasta que la perdemos de vista. En ese momento la lluvia vuelve a apretar con más fuerza, lo que nos obliga a acelerar el ritmo mientras buscamos otro abrigo entre los bloques de granito.
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Hemos tenido suerte y pronto encontramos justo lo que buscábamos: un nuevo vivac resguardado bajo una peculiar mole de granito. Este refugio natural es más amplio que el de la pradera y nos ha venido que ni al pelo para hacer una segunda parada a la espera de que amaine la lluvia.
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La parte trasera de este abrigo regala la curiosa perspectiva que se aprecia en la imagen. En este punto sumamos 1,2 km y 1 h 30 min de marcha (tened en cuenta que para el tiempo total de la ruta no computamos estos descansos por lluvia, ya que son muy relativos y no tendréis por qué hacerlos si el clima acompaña).
Pasamos al menos media hora resguardados antes de reanudar la marcha. Continuamos camino arriba por un sendero muy bien definido que discurre junto a un riachuelo, lo que permite ir improvisando atajos entre las rocas para evitar pisar el agua.
Al fondo empieza a dejarse ver algo de niebla. El día está extraño, entre llovizna constante y bruma; «tenebroso» sería quizás el adjetivo ideal para describir la atmósfera de los parajes por los que transitamos. Aun sabiendo lo que anunciaba el parte meteorológico, no nos echamos atrás y decidimos intentarlo.
Tras recorrer unos 300 metros desde el último vivac, alcanzamos la inmensa pradera de la Gran Cañada: un espacio tan amplio que hay sitio de sobra para cualquiera.
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Desde este punto, las vistas hacia Manzanares el Real y su embalse son sencillamente fabulosas. A la derecha emerge un enorme bloque rocoso que hoy se encuentra repleto de cabras montesas reunidas en un nutrido rebaño.
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Frente a la gran roca donde descansa la manada de cabras se encuentra el punto clave donde debemos girar hacia arriba. Tomamos un pequeño sendero que, a los pocos metros y oculta entre la vegetación, esconde una fuente. Aunque en la subida probablemente llevéis suficiente agua, resulta de gran utilidad para el descenso.
Para dar con ella sin perdida, basta con situarse justo sobre el waypoint que os hemos marcado en el track GPS.
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Ahí tenéis la singular silueta del Elefantito, imponente en las alturas y visible a vuestra derecha según vais ganando metros.
Para identificarlo bien, su figura se hace reconocible sobre el kilómetro 2 de la ruta. En esta ocasión no nos acercaremos hasta su base, ya que pertenece a un itinerario distinto dentro de las rutas por La Pedriza que no tenemos previsto realizar hoy.
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Seguimos ganando metros en una subida continua que recuerda al peldañeo de una gran escalera de piedra. En este itinerario hacia El Yelmo desde El Tranco pasamos junto al célebre risco del Fraile (conocido también por algunos como El Beso); más allá de la denominación, lo verdaderamente impactante es la belleza escultórica que conforman estas rocas.
Conviene recordar que en apenas 4 km afrontamos un desnivel positivo de 700 metros. Aun así, el ascenso se hace muy ameno —y más en buena compañía— entretenidos comentando las infinitas y curiosas formas graníticas que nos salen al paso o que se adivinan en la lejanía.
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Llegamos a la altura del Risco de las Bellotas, que queda a nuestra izquierda y resulta muy fácil de identificar por su silueta tan característica. A nuestra derecha se levanta la singular figura conocida como El Avión.
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Llegamos al Collado de la Encina, un paso coqueto que nos regala una vista majestuosa de El Yelmo recortándose hacia la diagonal izquierda.
Continuamos por el sendero principal de frente; aunque se abren varias trazas de paso, nosotros tomamos la que tiende a subir ligeramente virando a la izquierda, lo que nos sitúa rápidamente a la vista del siguiente collado que debemos superar.
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Este paso se identifica sin pérdida alguna por la característica silueta de sus rocas. Al cruzarlo accedemos directamente a la pradera de El Yelmo, un entorno privilegiado y de enorme belleza en altitud, perfecto para disfrutar en familia o con amigos.
Llegar hasta este rincón por sí solo justifica toda la excursión, siendo una ruta idónea sin necesidad de afrontar la trepada final al domo.
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Llegamos a la pradera de El Yelmo y, justo a los pies del coloso, nos detenemos a inmortalizar el momento. Nos encontramos frente a la impresionante pared de la Cara Sur, un imponente muro de granito con más de 150 metros de desnivel vertical hasta el vértice geodésico.
Aunque esta vertiente está surcada por multitud de vías de escalada, nosotros optaremos por la vía normal a través de la chimenea de la Cara Norte.
Esta ruta de acceso a la cumbre no requiere equipo técnico especial, pero sí exige soltura y cierta experiencia en trepadas por roca (no siendo aconsejable para personas sin hábito en este tipo de terrenos).
Hasta este punto sumamos unas 3 horas de recorrido acumulado incluyendo las paradas, que no han sido pocas debido a la mala climatología.
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Bordeamos la base de El Yelmo cruzando la pradera y pronto tomamos un sendero a mano izquierda. Tras recorrer unos 150 metros nos situamos en la cara trasera del domo, donde arranca una traza de paso que se mete directamente en una concavidad del granito.
Los últimos metros discurren sorteando grandes bloques según el trazado más cómodo, habitualmente señalizado con hitos o mojones de piedra colocados por otros senderistas para orientar la subida. A pesar de que la roca se encontraba húmeda y resbaladiza por el tiempo, alcanzamos la base del paso sin mayores complicaciones.
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A partir de este punto se abre la característica chimenea que permite acceder al vértice geodésico, la única vía asequible para alcanzar la cima sin necesidad de material de escalada.
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Por intentarlo no va a quedar y, efectivamente, se puede hacer minimizando riesgos: al ser una grieta muy estrecha vas completamente encajonado entre las paredes de granito, lo que reduce drásticamente las probabilidades de una caída al vacío.
K1 decide quedarse abajo mientras K2 inicia la trepada por el interior de la canal. A pesar de que encontramos algunos restos de hielo y el agua chorrea por los bloques de piedra que hay que superar, la ascensión resulta factible con la debida precaución.
Durante la subida hay dos grandes rocas clave: la primera obliga a reptar como un lagarto para superarla por la parte superior, mientras que la segunda, más accesible, se sortea pasándole por debajo.
La chimenea cuenta con unos 25 metros de recorrido total. Nada más salir al exterior, girando a la derecha y avanzando con cuidado entre enormes bloques resbaladizos, a escasos 10 metros se divisa el vértice geodésico de El Yelmo.
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Impresionante la chimenea que hay que superar para acceder al vértice geodésico de El Yelmo. Arriba la sensación es la de encontrarse en un rincón apartado del mundo: K2 se halla a solas en esta pequeña explanada cumbrera, dominada por grandes bloques de granito con formas caprichosas y unas vistas soberbias orientadas a cualquier punto cardinal.
Una ruta increíble por La Pedriza donde resulta inevitable sentirse como un rey en su fortaleza, protegida por una franja estrecha y fácil de defender. Tras contemplar el paisaje y recorrer sin prisa esta planicie rocosa, K2 se decide...
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Tras disfrutar del momento en la cima, toca emprender la bajada de nuevo por la chimenea. El destrepe resultó más sencillo de lo previsto, lo que permitió incluso grabar prácticamente todo el recorrido de descenso a través del encajonado paso de roca.
De nuevo en la plataforma base de la chimenea, contabilizamos un total de 4 horas de ruta y 4 kilómetros recorridos. Aprovechamos para reponer líquidos antes de iniciar el descenso justo cuando alcanza nuestra posición otra pareja; tras evaluar el estado de la roca, deciden posponer la trepada para otra ocasión (él comenta que ya la ha superado en bastantes ocasiones).
Comenzamos la bajada juntos por la espalda de El Yelmo. Pronto nos adelantamos perdiéndoles de vista y, en menos de diez minutos, alcanzamos de nuevo la pradera de El Yelmo.
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A la izquierda del camino de bajada descubrimos uno de los múltiples vivacs naturales resguardados entre las grandes rocas que caracterizan esta pradera, un rincón con encanto en el que ni nos habíamos percatado durante la subida.
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Dejamos atrás la figura imponente del coloso y emprendemos el descenso a buen ritmo. El tiempo apremia si queremos cumplir la previsión de estar a comer en casa, pero las piernas responden y el camino de vuelta se hace ligero tras la satisfacción del objetivo cumplido.
De nuevo cruzando los trazados de la Gran Cañada, echamos la vista atrás una última vez para admirar el mar de granito que rodea a El Yelmo. Una ruta exigente y sobrecogedora que vuelve a demostrar por qué este rincón de la Sierra de Guadarrama es un auténtico paraíso para cualquier amante de la montaña.
Gracias por compartir esta ruta y el track, bonitas las fotos. La pedriza es de esos rincones mágicos donde siempre encuentras lugares únicos y sorprendentes.
ResponderEliminarMañana iremos a subir a El Yelmo, ya os contaremos la experiencia.
Hola Ruben, gracias a ti por pasarte por nuestro rincón. Desde luego la Pedriza nos ha hechizado, porque sino recuerdo mal empezamos con las Torres con mal tiempo y de ida y vuelta por el mismo sendero (los Llanos), seguimos con esta del Yelmo, y acabamos de publicar un par de ellas, con una Circular a las Torres por el collado de la Ventana, otra al Cancho de los Muertos también circular, y otras dos a cual mejor que estamos a punto de publicar, así que no te las pierdas que seguro que te gustarán.
EliminarBueno espero que te haya gustado esta porque es una clásica de la Pedriza.
Un saludo
Hola Antonio, al final para subimos al Yelmo por una variante involuntaria.
EliminarCuando llegamos a la Gran Cañada continuamos para acceder a la pradera del Yelmo por la senda Maeso en lugar de por la ruta normal. Ya he visto que habéis publicado hace unos días justo esa subida al Yelmo.
Un Saludo
Hola Ruben, efectivamente esa variante le da un toque especial, ya he visto que efectivamente la subida de la que tenemos última es justo como lo hicistes. Espero que te tenga gustado. Gracias por los comentarios y un Saludo.
EliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarAyer realizamos la misma ruta siguiendo vuestro track y esta descripción. Perfecto.
ResponderEliminarMuchas gracias
Un saludo
Hola, Antonio, el viernes seguimos vuestras indicaciones del principio de esta ruta. Éramos una familia de dos hermanas y cinco primos entre 9 y 16 años. Todos disfrutamos muchísimo del paseo y de las vistas. Por limitaciones de tiempo, conseguimos llegar "sólo" hasta la Gran Cañada. Continuará... Muchas gracias por este blog: descubrirlo me motivó a organizar la excursión. Un saludo desde Stuttgart, Ana
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